Inmunología del Trasplante: La Inmunosupresión


Todo órgano trasplantado de un individuo a otro era sistemáticamente destruido por el sistema inmune huésped, por lo que muchos enfermos han muerto sin posibilidad de ser trasplantados. Actualmente la mayor parte de estos problemas se han solucionado y se están practicando con éxito diversos tipos de trasplantes, entre los que destacan, por su interés clínico, los de riñón, hígado, páncreas, corazón, pulmón y  médula ósea.

En concreto se han conocido los antígenos de histocompatibilidad, que son los responsables del alorreconocimiento y rechazo y  se ha avanzado en el conocimiento de las bases moleculares y celulares  de la acción de los potentes inmunosupresores que hoy se utilizan.


Desde el comienzo de la práctica clínica de los trasplantes se ha observado un importante incremento en la supervivencia de los enfermos trasplantados. Ello se debe, además de a los espectaculares avances de la inmunología en el conocimiento de la respuesta aloinmune, a la aplicación de nuevos medios inmunosupresores.



Como hemos dicho anteriormente el trasplante puede fracasar desde un punto de vista inmunológico porque se produzca rechazo (o en su caso GVHD). Después del trasplante se puede actuar en la prevención del rechazo con la utilización de agentes inmunosupresores. Por supuesto, el agente inmunosupresor ideal, sería aquel capaz de reducir o anular la posibilidad de un rechazo, pero sin afectar al resto de las respuestas inmunes. Por desgracia este agente inmunosupresor no ha sido descubierto hasta el momento, por lo que es necesario tener en cuenta que los pacientes  inmunosuprimidos presentan problemas de disminución  de defensas frente a todo tipo de organismos patógenos y de desarrollo de determinados tipos de tumores. Por este motivo, los receptores de trasplantes pueden padecer infecciones con más facilidad que el resto de las personas. También les resulta más difícil recuperarse de las infecciones, e infecciones menores pueden llegar a ser serias e incluso producir la muerte.


La terapia inmunosupresora debe ir encaminada a prevenir o revertir selectivamente la reactividad inmunológica del paciente contra el injerto. 




El rechazo se debe, a que en la mayoría de los casos no es posible encontrar donantes y receptores apropiados para un trasplante con identidad en todos los antígenos HLA. Sin embargo, el principal inconveniente del conjunto de medidas inmunosupresoras que habitualmente se adoptan, es la inespecificidad dando lugar a complicaciones (infecciones o desarrollo de tumores en el receptor) que no son más que el reflejo de su mecanismo de acción .



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